sábado, 18 de octubre de 2014


Leño inexistente, como tu cuerpo que jamás habité. Mi cuerpo anhelaba otro cuerpo, otro latido, otro deseo que hiciera nacer el mío.
Era el juego de regresar, de abrazar otra laceración tan parecida a mis heridas de fiera atrapada en guaridas donde la noche gruñía. Escapaba de mi para escuchar tu voz, huía de mis vacíos para morir en los tuyos.
Tus tempestades me hacían olvidar las mías, el azar desafiaba mi sendero en tu sed indescifrable.
Es fácil recordarte en mis horas de ocio cuando muere la tarde, cubrir mi mente de osadías, viajar sin más equipaje que mis ensoñaciones traviesas.
El miedo es el encuentro consigo mismo, con los retratos y recuerdos que teje el alma sin cesar.

viernes, 17 de octubre de 2014


El corazón envuelto en llamas de silencio. el espíritu no sobrevive a una ruptura, algo muere en el sendero, algo que no puede ser rescatado. Al encanto que precedió la llama queda la hiel exaltada del vacío.
El otro es lejanía en nuestro corazón. Una esclavitud menos, un refugio menos donde posar nuestra desventura.
Al desligarnos nos hicimos fuertes, osados... Fuimos presa del encantamiento y sustancias irreales.
El otro dejó de ser ese fruto macerado que idealizamos, ahora tiene el temperamento delicado para juzgarnos, cree que el universo está hecho con sus cristales torpes y sucios, que el amor es su idea de amor lacerante.
Tal vez el amor pueda ser una voz más desprendida y libre, una elección, una invocación, un canto, un tributo, un viaje itinerante... Si la distancia más leve aparta los corazones es porque el murmullo del amor es muy pobre y escaso para acicalar las almas en el canto compungido del silencio.
                                                                                           10 de noviembre de 2011.

viernes, 23 de agosto de 2013

Si la luna hablara qué cosas te diría...

Si la luna hablara qué cosas te diría... que empezaste tarde el día y no escuchaste al gato cuando intentaba hacerte despertar. Sí, la luna estaría triste de ver cómo poblabas de nada el día, de verte allí, tan perdido y solitario, sin lágrimas y sonrisas, mientras alguien esperaba que retomaras tus libros y al fin los terminaras sin hacerte tantas preguntas, aunque ya ni siquiera te hacías preguntas, sólo permanecías en una parte del día, inmutable.
Si la luna hablara te diría que mañana empieces tu día un poco más temprano, que abras las persianas al despertar, que no ignores ese paisaje que te sonríe y se entrega alegre, sin prisas.
Si la luna hablara te diría que un poco de ese sol también está en tu alma, en tu risa, en tu sueño...
Si la luna hablara te diría que eres tan invencible como la fuerza y la fe que tengas, la llamarada espera, dentro de ti, en el frío cristal del tedio.
Si la luna hablara, dudaría de esa entonación del vacío. Te diría que tengas piedad de ti mismo, que puedas y sepas perdonarte. No hacerse daño es la mejor manera de continuar.
Uno cree que ser despiadado consigo mismo facilita el rumbo, pero no es así.